domingo, 18 de abril de 2010

DECIA?


Cuando las cosas dejan de dejar de importar se inicia un proceso lento y atávico que culmina en la desolación más absoluta. Cuando algo ya no importa es que ha muerto, ha dejado de existir, nos lo bebimos de un solo trago. Entonces solo permanece el volver a la soledad de una habitación en penumbra a escuchar la música que escuchabas cuando nada te importaba, cuando el vaso podía estar lleno, o vacío, o simplemente no estar. Cuando las cosas comienzan a perder la importancia que le otorgamos una parte de nosotros se muere de forma inminente, como el aire que exhalamos, como la mirada fugaz que no vuelve a repetirse.

Mientras la maquina aguante debemos explotar la maquina, mientras el cuerpo aguante explotaremos el cuerpo, mientras el maquillaje se mantenga exprimiremos cada segundo, cada gota de aceite, cada momento irreverente y patético que creemos nos ha tocado vivir. Y una moneda, y dos, y el corazón triturado en palomitas de pergaminos sobre un charco. Cuando algo ya no nos importa, ¿para que recoger los restos de un incendio cuando estos se mezclan con las arenas del desierto del da igual?. Acumularemos en el iris otra herida en una franja de vida que ya, al instante, ha pasado apenas sin darnos cuenta. Cuando las cosas dejen de dejar de impórtanos yo ya no estera aquí para que me importen.

Cada cosa en su sitio, cada quien en su lugar; la mesa, la pluma, el revolver siempre cargado y listo. El adiós repentino de lo que no me creo que se pueda no dejar de hacer. Una ventana abierta y el hueco que siempre queda para intentar ser rellenado y que jamás se rellena. Pon la boca entre abierta, respira; di adiós. Y las cosas han dejado de importar.

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