sábado, 20 de febrero de 2010

CUANDO CAE LA NOCHE


Cuando se aproxima la noche, cuando se aproxima el final, cuando se aproxima el sueño de los demás, yo también duermo. Duermo un sueño eterno y lejano, como si no fuese sueño lo que duermo mientras estoy allí, tumbado. Cuando caen las estrellas siempre espero que no sean sobre mí, espero que pase rápido, que no despierte con un sabor amargo, ni con una duda más, ni con un recuerdo menos. Cuando caen las sombras me faltan ganas, me sobran lunas, me abre en dos la oscuridad. La noche se torna en esa venda que tapa mis ojos, como las manos que ocultan los sonidos, como la angustia del humo que respiro. Espero, tan solo espero no tener que arrepentirme, no tener que seguir esperando. Pero eso solo ocurre cuando se aproxima el final, un final que a mi pesar se acerca; no se cuando, ni como, pero imparable me persigue. La sangre corre rápido por las aceras, es escandalosa, con su color rojizo avisa de su evasión confusa. La sangre corre, correrá, avisara seguro, que es imposible detenerla. Y entonces ya será muy tarde, y tal vez de noche, y quizá mientras duermo. Cuando se aproxima el final ya no hay noche, ni sueño, ni posibilidad; cuando se aproxima yo no estaré para reprender, ni para juzgar. Me abre ido, huyendo puede ser, de la noche que se aproxima para no dejarme escapar.

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