domingo, 20 de diciembre de 2009

HASTIO


Como una gota de plomo que recorre el espacio hasta caer sobre la piel desprovista, como el limón que salta al iris evocando las venas irritadas, como la daga que se clava en el hígado caliente que revienta en las entrañas, así, eso debe sentirse, debe experimentarse, debe quedar como un recuerdo sobre la corteza de un árbol. Macabro escribir nombres en un árbol, macabro recordar el árbol, el nombre, macabro pensar que allí sigue mutilado de sabia hendido por las muescas de un objeto agresivo. Que atraviese pues el plomo la piel, que se enrojezcan los ojos, que reviente el hígado, que talen el árbol de los nombres perdidos.

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