viernes, 22 de mayo de 2009

UNA DE ARENA


El dolor del labio era más placentero que doloroso. Una gota de sangre resbala por su carne sonrosada y blanda para después ser libada por una lengua nerviosa e implacable. Siguió mirando los labios de aquella mujer para cerciorarse de a quien besaba, quería guardar el instante como en una fotografía antigua y amarillenta en donde el tiempo ya no tiene la fuerza para destruir nada. Sus ojos se buscaban, su aliento se había mezclado como el azúcar en el agua dejando un poso dulzón entre los labios sellados en un beso amargo. El miedo huele a deseo contenido de alargar un brazo, de tocar un hombro, de morder el instante en que la fotografía capta la imagen. El miedo huele dulce. Sus bocas chocan topes por la necesidad del momento y un gesto de ternura descubre el cuello desnudo de la chica a un espacio cerrado y a la vez infinito.Corto, se queda corto el tiempo pesado y venenoso que dura el fugaz vencimiento, y largos los segundos que cortan el camino de vuelta a un retorno irremediable. El la mira, ella le dice algo al oído. El deseo por rozar la leve piel de sus dedos amarillea el momento que se ha convertido ya en un beso olvidado. El le dice: aún no he probado tus labios. Ella ofrece su lengua con el sabor dulzón de la sangre que ha lamido y el regusto redulce a miedo contenido en unos labios que se tocan de forma leve y brutal. El dolor sigue siendo más placentero que doloroso y ya no queda sangre, ni labio, ni deseo contenido de luz de día. Ya no queda dolor ensangrentado, ni tiempo. El miedo huele dulce como el sabor de su sangre y el aroma del deseo

4 comentarios:

Flamenco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Flamenco dijo...

Me quedo con la de arena, definitivamente. Aunque me duela.

Marian dijo...

Estoy contigo Flamenco. A mí aunque me huela.

Paula dijo...

Yo también estoy con vosotras y eso que el miedo huela dulce...y que no quede labio.....