domingo, 31 de mayo de 2009

ADIÓS


No era necesaria una estación, ni un tren en marcha, ni tan siquiera un pañuelo blanco para decir adiós. Bastaba tan solo un rincón, una sombra, una mirada, para saber que llegaba el momento de despedirse, de decir –hasta pronto, espero-. No salía el ultimo vuelo, ni partía el ultimo tranvía dirección calle melancolía; solo era un adiós, un largo hasta luego. Él volvía de nuevo a Moscú, Petrova se quedaba en Kiev, y sus corazones se quedaban en aquel rinconcito donde solo pudieron mirarse tal vez por ultima vez. Ella no quiso demostrar su congoja y a él se le partió el alma cuando de los labios de Petrova surgió la frase –me moriré-. Mijail no dijo nada, sin embargo acababa de empezar a morirse. La guerra es tan cruel como la necesidad de tenerse y la imposibilidad de ver cumplidos sus deseos. La guerra es tan cruel como las despedidas en las estaciones de tren, en los aeropuertos, en los andenes.

1 comentario:

Paula dijo...

Zitam con que facilidad viajas por Europa!!